Chispita de vida.
Llevo mucho años luchando con el sueño de ser escritora. De hecho, empecé una carrera bajo la misma idea; una carrera que no voy a ejercer porque no leí bien la descripción: "Escritura.." sí, "para medios audiovisuales", total... guionista. Y es que me pesaba el hecho de autodenominarme "escritora" sin tener nada publicado, sin ser reconocida siquiera por un título en un papel, pues respeto mucho el oficio de dedicar noches enteras a crear personajes, locaciones y situaciones que generen un millar de emociones, o nada, en quienes decidan leer un libro.
Recuerdo con cariño e, incluso, con mucho orgullo, que cuando estaba en el colegio escribía pequeños cuentos cargados de cruda realidad. Gastaba mis madrugadas en una obsesión que tenía por crear personajes principales que no tuvieran el tan esperado final feliz que podría ofrecer una niña Disney escritora, pero aún así, en medio de caótico final, había una sonrisa o esperanza de parte de mis personajes. Por mi lado, siempre había llanto, pues me invadía la nostalgia de aquella historia, el orgullo de terminarla y a la vez el punto final que me mandaba a dormir.
Como guionista, diseñé personajes y escenas increíbles, incluso, aquellos lugares los pude ver con mis propios ojos; pude caminar por ellos evocando cada línea, o al revés, pude verlos y luego describirlos detalladamente, sintiendo hasta el aroma que había en el aire. Fue maravilloso. Viajé mucho, viajé también a través de mis historias, pero un día, Lucía se quedó atrapada en su propia historia. Intentó mutar, intentó enamorar, intentó ser el producto estrella de una escritora desesperada y perdida, pero un día, no pude ser más "la chica del cabello azul". Lucía, la mezcla entre una de mis mejores amigas, la letra de una canción de la que un día fue mi banda favorita, la pasión de un viejo amor y mis anhelos de libertad en medio de la cruda realidad. Lucía, mi personaje favorito.
Lucía, la chica que sedujo el profesor de guión; Lucía, la tierna niña en cuerpo de adulta; Lucía, la que no soñaba con ser mamá; Lucía, la que quería vivir de su arte, ser conocida y viajar. Lucía, a la que la realidad enfrascó como un genio en su lamparita. Nunca más hubo una línea para Lucía.
No sabía cómo empezar esto, aún no sé cómo empezar de nuevo... de verdad llevaba un tiempo luchando con el deseo de volver a escribir algo más allá que mis sentimientos, mis quejas, algo más que mis diarios recomendados por la terapeuta, pero me era imposible. Y es irónico porque mi vida ha estado llena de personajes que, perfectamente, podrían hacer parte de un nuevo relato. Incluso, yo misma.
Pero como en toda historia de buen amor, hubo una chispita que me despertó de ese sueño de bella durmiente, de esa pereza mental después de morder la manzana y no fue un beso, todo lo contrario, fue una lágrima imposible de contener, fue una queja de la realidad tan cruda, fue un personaje digno de nombrar ahora mismo: Fue Otra simple loca. Una maestra de vida que me despertó de esa parálisis. Y es que de unos años para acá, con todo y que soy una chica Disney, me he dado cuenta de una cosa: el verdadero amor de la vida son las amigas y ¡vaya! que sí tengo a las mejores. Contadas, pero ahí están, pa qué más.
Definitivamente, lo que
detonó mis ánimos para escribir fue lo que menos pensé, algo de lo que desconocía y me sorprendió gratamente. Hace pocos
días, una de mis mejores amigas, con la que fuimos fans de una serie que estaba
basada, precisamente, en un blog, me leyó algo que había escrito en el suyo.
¿Mafe tiene un blog?, ¿aún existe el blog que creamos hace años?, ¿el mío existirá aún?, ¿Mafe escribe?, fueron las preguntas que me atravesaron esa tarde.
Luego, escucharla leer las dos partes de "Versión ideal" me conmovió de una manera inexplicable. ¿Cómo era posible que aquella profesora soñada de la primera versión me reflejara tanto a mi yo de antes de la graduación y ahora estuviera llorando, tal cual me sucedió a mí, por todo lo que no puede ser? ¡Qué mierda el sistema de educación! Además, ¿cómo era posible que en un ser tan despistado hubiera tanta memoria y corazón para detallar cada historia y hacer que yo me enganchara y pusiera en los zapatos no solo de ella sino de cada personaje que aparecía en su relato? Porque así fue.
No sólo me sorprendió la Mafe escritora de blogs sino lo buena que es. Ver a mi amiga soltar sus sentimientos en esas líneas me permitió comprender que no solo la terapia la tenía así sino su valiosa capacidad de exteriorizar emociones a través de lo que yo también consideraba un catalizador: la escritura. Ver a María Fernanda leer su blog fue tan apasionante que me sentí mucho más conectada a su corazón de lo que estaba, sentí que había destapado otra capa de esa sabrosa cebolla (lo sé, estoy enamorada de mi amiga y digo "enamorada" porque para mí el amor es confianza, respeto pero también profunda admiración y eso es lo que siento por ella). Pero no hay nada perfecto y con eso no estoy diciendo que haya algo malo sino diferente. Esa tarde, no fui capaz de hablar mucho, pues realmente estaba consternada, pero además, hubo algo que no dije por prudencia, pero no me lo quiero callar y es que, en definitiva, me gustó más la escritora esperanzada que vi en la primera versión que la ya había probado el trago amargo de la realidad en el tercer mundo. ¿Pero quién soy yo para "juzgar" eso cuando he perdido la esperanza en todo lo que soñaba?
Tengo sentimientos encontrados al enfrentarme de nuevo a la aterradora página en blanco del escritor. Pues quiero volver, quiero escribir, quiero soñar pero a la vez, no sé qué quiero escribir ni qué quiero soñar... no sé quién soy ni para dónde voy.
Foto de: Jimmy Gutiérrez
A mi amiga, hermana
y ahora comadre.
A la tía y madrina de mi hija.
Esto fue por ti
Y va para ti, Otra simple loca <3
Gracias.
https://otrasimpleloca.blogspot.com/


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